
las prionizaciones fueron hechas por
THE LEFT HAND
a partir de fotos y capturas sacadas de aquí
Si
yo dejara de ser en buena medida yo (este yo que las circunstancias acaban impostando
hasta el punto de que la impostación se vuelve impostura y uno empieza a no
reconocerse) y viviese otra vida, como un testigo protegido, procurando
adaptarme a una perpetua vacación de mí mismo (como le prometían a
Schwarzenegger en DESAFIO TOTAL) ¿hasta cuándo podría funcionar la cosa sin que
las costuras se rompiesen y mi identidad sin afeites, siempre perversa, siempre
polimorfa, como un polizón nada grato, saliese del maletero? (cuando la
vacación se vuelve bucle y no se encuentra el camino de regreso, la cosa ya no
es vacación, más bien naufragio en PLEASANTVILLE, y ya todo es impostada
impostura, lo de antes y lo de ahora). Es una pregunta que en este último
bienio me he planteado con frecuencia creciente.

Y,
sin embargo, esta chica [lo
único categóricamente grato que hoy puedo evocar de mi paso por PEGAMIN (a
través de uno de sus miembros supe de su existencia) como mi amistad con Luigi es la única herencia categóricamente
positiva que me dejó ese patético
malentendido que fue mi paso por MONDO
BRUTTO], siempre que la miro me
lleva a imaginar cómo, a su lado, lo conseguiría, encajaría plenamente en esa
vida inopinada, inasequible a la esclerosis, siempre abierta a la sorpresa, al
punto de llegar a concebir como una de las definiciones del Paraíso ESE LUGAR
DONDE AMANDA SE LO PASA BOMBA POR LOS EVOS DE LOS EVOS AMEN.

Cuando
la realidad aprieta volviéndose cul de sac y pedimos asilo en el santuario del
sueño, con ansias de despertar a la mañana siguiente sin memoria de esa
realidad, sin presiones, sin tutelas, sin autocensura, sin tener que rendir
cuentas por el hecho de ser lo que somos (y no un sucedáneo más o menos adaptable),
con otra vida que apurar desde cero, rebautizados cuales epígonos de Reginald
Perrin, una y otra vez nos refugiamos en ese planeta paralelo de ALF, en
sus fotos, en sus videoclips, en sus payasadas
(yo, que no soporto a los clowns, disfruto con las mil caras grotescas de
Amanda como de un jardín zen o de un cuadro de Modigliani).

Esa
fijación con ALF, con su absurdo de toonie transmutado en carne
estimulantemente multiforme, con su brillo loco de alguien dispuesto a todo por
el mero placer de no aburrirse (Mallory Knox o Honeybunny podrían perfectamente
tener, desde mi prisma, el gesto de Amanda –Amanda, por cierto, tocaya de Honeybunny,
que tanto me impactó a su vez en BESOS DE MARIPOSA o en EL REY PESCADOR-), con
sus facciones hamsteroides
descansando sobre su esbelto cuello (cual occidentalísima virgen shibuya), con
el perenne guiño burlón de sus ojos, esa fijación balsámica me atenúa el dolor
del miembro que se abandona para huir, como Lecter, de la trampa. Y me hace
pensar que, como Starling lo es para Lecter, tal vez haya realidades otras en
el campo de los afectos y del deseo que no nos obliguen a traicionarnos, a emascular
nuestra identidad hasta convertirla en mera anécdota llevadera (acomodaticia
-más ornato que esencia-), sino que, desdee la más estridente otredad formal,
por pura entrega al demonio de la perversidad (más seráfico y terapéutico que
nunca en esta situación), por pura rebelión contra el filisteísmo, supongan el
paso al otro lado del espejo, esto es, al encuentro definitivo con nosotros
mismos.